Vivía como todos ellos en U.S.A específicamente en New York en un Palacete precioso con cancha de tenis y piscina donde solía bañarme frecuentemente y mis amigas casi siempre me acompañaban.
Cuando se cuenta una historia hay que buscar la cronología para no perderse en divagaciones, no voy usarlas desde luego. Estaba destrozada y por eso le dije a mi padre que quería irme a Berlin que iba a estudiar Derecho por el momento, luego tal vez estudiaría historia.
No lo sabía, aun estaba tan desconcertada que aquella mañana cuando regresé y me encerré en mi cuarto lloré como una loca. Nunca olvidaría aquella humillación y aquellos comentarios aquellas risas entre sí de mis amigas. Y por sobretodo aquel dolor que trataba de disimular, la aquella indiferencia de Will para tratar un asunto tan importante sin importarle herirme.
Debo añadir que tengo 18 años, que estoy preparada para ingresar en la Universidad y que soy una gran estudiante.
Mi padre me llevó a Berlin y me dijo que prefería que hiciera allí la carrera, porque el frecuentaba mucho en Alemania, por ser dueño de una empresa de aviones comerciales. Había aviones que hacían rutas muy largas y había otros que hacían la ruta corta Leipzig-Hamburgo-Berlin.
Empecé a meditar en mi vida. Llevaba de novia con él cinco años y siempre creí que me casaría con Will. Estaba loca por él y pensaba que él estaba loco por mí.
Nunca me pidió hacer el amor y no lo hicimos. Si me lo hubiera pedido, hubiera accedido, pero Will respetaba a mi padre a quien conocía por ser aviador aunque el pertenecía a otra empresa.
A los 23 años
termine la carrera de Derechos y fue cuando me decidí hacerme piloto, como mi
padre. Pero eso tenía que tratarlo con él porque esperar que mi madre diera su
parecer era esperar inútilmente; mi madre vivía su vida con las amigas iba a
la cafetería se pasaba tardes enteras jugando al bridge, en cambio mi padre iba
al amanecer para Leipzig donde tenía su despacho en un edificio de La
Castellana.
Su empresa ocupaba tres pisos comunicados entre sí y cerca de 30 hombres
trabajaban en aquellas oficinas. Mi padre empezó comprando aviones usados siendo muy joven, siempre fue un emprendedor. Poco a poco fue
modernizando los aparatos y en éstos
momentos poseía la flota más moderna del país. Regrese con el titulo de derecho
y mi padre esperaba que me incorporara a
su empresa. Yo le expuse súbitamente mis intenciones, hallándonos los tres en
el salón. Mi padre acababa de llegar de Leipzig, y mi madre se estaba limando
las uñas sentada junto al ventanal.
Nací en Berlin, y
nunca deseé irme a Hamburgo aunque mi padre nos lo propuso muchas veces. Me
gustaba el palacete mi cuarto decorado a mi gusto, aunque mi corazón -lo digo de verdad- estaba destrozado totalmente. Había intentado por todo medio olvidar a Will tanto que empece a salir con Georg y mi padre estaba muy contento. Georg era un de nuestros primeros pilotos. A mí no me gustaba mucho. Sabía que era un hombre atractivo esbelto y decían que rico aunque se dedicaba a llevar aviones a Berlin y Hamburgo para regresar días después. Esa era la ruta que me gustaba.
Aquella noche di la noticia.
-Ya que termine la carrera, quiero que sepas que voy a ser piloto civil.- Insinué mirándolo fijamente.
-¡Chelsea Sofia!-Exclamó mi padre con asombro.
-¡No, papá llámame Chel! Cuando me llamas Chelsea Sofia, estas disgustado.
-Vania, ¿Has oído eso?.- Preguntó a mi madre pero ésta no parecía interesada.
Mi madre levantó una ceja indolente y se alzó de hombros. Lo que hiciera yo le importaba un rábano. Ella estaba dedicada a la sociedad y a sus amigos.
-Es un hecho papá no quiero que se sepa, pero empieza ya a ofrecerme el avión donde haré las horas cuanto antes para examinarme... Me convalidarán algunas asignaturas de Derecho.- Dije muy decidida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario