Mi padre se
llevó las manos a la cabeza, pero yo supe que aceptaría. Sin embargo, seguía
diciendo casi a gritos:
-¡Pero si no
hay mujeres que lleven aviones hija por favor!.-Explicó mi padre aún con mayor desespero.
-Empezaré
yo a fin de cuentas son tus aviones papá.-dicho esto mi padre no salía aún del asombro.
-¿Vania estás
oyendo?.- Mama no oía.
Estaba hablando por teléfono con una amiga para organizar los planes para la
tarde. Papá me miro
fijamente.
-Te necesito
en las oficinas querida, eres abogada y además me han dicho que sales con Georg Listing y a ese lo tengo elegido para que deje de volar y se meta en la
oficina. Voy haciéndome viejo y necesito gente nueva para dirigir la empresa.
-Algún día lo
haré papá, pero te quiero advertir que no soy novia de Georg somos amigos bastante amigos pero el sentimiento no entra ahí.-Expliqué muy seria.
-Es el
hombre que te conviene.- Sucitó este.
-Puede que
sí papá, pero piensa que los sentimientos cuentan mucho.
Papá bajo la
voz para decirme -No creas los sentimientos cuentan poco – Y miraba a mamá. Ya sabía que
la relación de mis padres era así. Ocupaban cuartos diferentes nunca se decían
una frase amable, pero tampoco discutían. Eran muy educados. Yo adoraba a mi padre
y lo admiraba pero de igual modo me era indiferente mi madre.
-Quiero ser
piloto civil papá y no me vas a quitar la idea así que mañana me iré a
Leipzig contigo y me ayudaras a arreglar los papeles para ingresar en la
Escuela. Mientras estudio, quiero hacer las horas de vuelo.
Papá se convenció.
Malamente pero se convenció y estudié para piloto. Con el tiempo, fui haciendo
horas de vuelo y como soy buena estudiante nadie pudo evitar que llegara a
vestir el uniforme azul.
Aprendí a volar
rápidamente y cuando tuve el último examen solo Georg sabía lo que estaba
haciendo. Le había pedido discreción quería darle en las narices a Will y
para ello faltaba otro salto. Creo que
nunca odié y amé a alguien como a Will. El desataba en mí todos los
sentimientos que puede experimentar un ser humano y también todo el odio mortal
para hacerle daño.
Había hecho
el viaje con Georg de copiloto a Berlin y Hamburgo y aquella obsesión que yo
llevaba dentro se desató ante mi padre nuevamente. Debo añadir
que Georg ya me había declarado su amor. También vivía en la misma cuidad que
yo y sabía de la relación que había tenido con Will pero eso para él era lo de
menos. Me amaba. Sabía que estaba sufriendo porque yo no lo amaba.
Cuando llevaba
ya seis vuelos a Berlín manejando el aparato tranquilamente, un día le dije a mi
padre:
-Oye, papá,
quiero que hagas algo muy distinto a lo que has hecho hasta ahora. Will Kaulitz
vuela en una compañía como la nuestra. Una buena compañía aérea.
-¿Ese Will no
era el chico que salía contigo cuando aun eras una jovencita?- Preguntó muy asombrado.
-Sí, el mismo es.- Le respondí sin mirarlo.
-¿Y qué
quieres que haga con él?.-Volvió a preguntar pero esta vez con mayor curiosidad.
-Que lo
llames a tu despacho y le propongas pasarse a nuestra compañía.-Contesté con cierta satisfacción.
-Eso no lo
hará. Tiene muchos años en la otra y gana bastante dinero.- Musitó casi seguro de lo que decía.
-Pero tú le
vas a ofrecer el doble.
-¡Chelsea Sofía! -pronunció casi gritando.
-Papá…
-Bueno, Chel.
Eso no es posible.
-Sí lo es. Tú le ofreces el doble y le haces un contrato por tres años.
-Oye Chel, ¿es
que pretendes tirarlo por el aire?
-No papá. De
ninguna manera. Pero Will me hizo algo que me dolió y quiero que pague las
consecuencias.
-¿Y que le vas hacer?
-Déjame eso a mí se lo que tengo que hacer.
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