Will seguía
tan atractivo como siempre con unos cuantos años más por supuesto. En aquel
momento yo tenía 27 años, sabía bien lo que quería, cómo y cuando lo quería. El
tendría 32, o eso calculé desde nuestra fallida relación.
-No me he
enamorado Chel, no me fue posible. Luché por lograrlo pero siempre estabas tú
en mis pensamientos.
-Cuanto lo
siento Will.- El hecho de que él estuviera tan arrepentido no me causaba gracia.
-¿Por qué lo
sientes? Te estoy proponiendo continuar la relación incluso casarnos. No he
dejado de amarte, Chel.
-Qué pena-
Aquí empezaba mi venganza- Que pena Will.
-¿Por qué
hablas de pena? Si todo puede ser alegría para nosotros.
-Para ti que hablas con tanta firmeza pero es que no tengo esos sentimientos. En mí ya no existen.
-¿Qué dices?- parecía muy desconcertado.
-Que no te
amo Will.
-Escucha
Chel, no pienso perderte bajo ningún concepto. Lucharé por ti hasta
convencerte. No he olvidado nada de nuestra adolescencia y ahora tengo más
años, más juicio y más entendimiento. Supongo que tú también haz madurado.
-Madurado sí,
pero en estos años poco a poco te fui olvidando. Las personas cambian.
-¿Estás
segura? -Will estaba extraño incluso parecía tener ganas de llorar.
-Claro ¿Por
qué iba a mentirte? Y ahora tengo que irme. Agradezco que me hayas elegido pero los años no pasan en vano.
-Por favor.- Antes de continuar hizo una pausa. Dame tu número de teléfono celular.
Se lo di y
me fui. Al salir a la calle no pude evitar que mis ojos se llenaran de
lágrimas. Subí a mi cuarto al llegar a casa. No me daba la gana de que mi padre
me viera de ese modo pero sabía haría que al día siguiente haría lo que yo le había
pedido.
Lloré toda
la noche. Tuve miedo conducir el avión y le pedí a Georg que lo hiciera siendo yo
el copiloto.
-¿Te ocurre
algo?-Preguntó Georg sin mirarme concentrándose en el vuelo.
-No.-Respondí secamente
-No digas
que no. Estas muy triste… Veras Chel podríamos llegar a Berlín cenamos y nos
quedamos a ver el espectáculo de músicos y bailarinas.
-No gracias Georg, pero no estoy para eso.
-Lo ves
tienes un problema.- Aclaró afligido.
-Siempre hay
problemas.- dije en tono cortante.
-No tengo
ninguno.
Lo mire y él
me dijo asombrado:
-Estas
llorando.
-Sí, es que
me duele la cabeza.
Hicimos el
viaje y me negué a ir al restaurante fuimos al hotel y seguí llorando. Cuando
me calmé estaba segura de que me vengaría duramente.
Nunca he
sido vengativa pero Bill me había humillado ante mis amigas y no lo perdonaba.
Solía verlas con frecuencia,me las encontraba siempre en la misma cafetería, y
siempre me preguntaban por Will, Alex, Georg, Arturo, y Ronald. Todos eran pilotos,
pero para mí había uno solo.
Esa tarde
busqué a mi padre.
-¿Qué haz hecho papá?
-Lo cité. Cité a Bill. Me visitó esta mañana, se preparó el contrato y tenía la letra
pequeña que pocas veces se lee.
-¿La leyó
él?
-No, si lo
hubiera hecho no hubiese aceptado. Pero le ofrecí el doble del sueldo y
vacaciones en agosto. También le ofrecí pagarle el seguro cuando se jubilara. Y
añadí algo más porque no aceptaba.
-Y entonces
aceptó ¿Lo leyó?
-Sí
por encima pero no dijo nada, de modo que no sabe que en la letra pequeña se
advierte que si deja la compañía antes de los tres años pagará una fortuna por
ello. Se fue con el contrato en el bolsillo. Bill empezará el lunes.
Presentí
que me llamaría esa noche. Yo había llegado el domingo lo iba a pasar en
Hamburgo y según papá el también estaría. Tenía una casa preciosa tanto como
la mía. Bill era hijo de un médico y una señora muy distinguida que por
supuesto no era amiga de mi madre.
Mi
madre era una frívola consumada. Yo no entendía cómo papá no se divorciaba de
una vez por todas. No lo hubiera sentido. Nunca recuerdo haberla tenido junto a
mí, en cambio siempre he visto el rostro de mi padre, aquel rostro lleno de
ternura y aquellas frases cariñosas que me decía por eso sabía cuánto me
amaba.
Por
la noche cuando ya casi me retiraba o me faltaba poco sonó mi celular.
-Dime. –Yo
ya sabía quién era.
-¿Podemos
vernos? Estoy en la cafetería. Ya sabes la de siempre.
-¿Están
las chicas?
-No.
Ya se fueron.
-Estaré
enseguida ahí.
Me puse unos pantalones blancos y un top que me sentaba muy bien en tonos brillantes blancos y negros. Calzaba sandalias con altísimos tacones. Me veía atractiva. Salí con paso firme. Enseguida lo vi. Vino a medio camino. También vestía muy bien. Llevaba un pantalón beige una camisa de mangas largas color negra y con su mismo peinado que lo hacía lucir sexy. Estaba muy guapo. ¿Donde había aprendido a disimular así? No lo sé. Pero con él, tal vez con nadie más mi rostro se convertía en una careta.
Hola bueno esta historia ya la habia visto pero no me anime a leerla ahora que la ando leyendo me gusta es interesante y entretenida.
ResponderEliminarpasare al blog de tu amiga a leer la historia que me decias :)
http://fanficadeladanielcasiunchico.blogspot.mx/