martes, 22 de mayo de 2012

Capítulo 5


Will seguía tan atractivo como siempre con unos cuantos años más por supuesto. En aquel momento yo tenía 27 años, sabía bien lo que quería, cómo y cuando lo quería. El tendría 32, o eso calculé desde nuestra fallida relación.

-No me he enamorado Chel, no me fue posible. Luché por lograrlo pero siempre estabas tú en mis pensamientos.

-Cuanto lo siento Will.- El hecho de que él estuviera tan arrepentido no me causaba gracia.

-¿Por qué lo sientes? Te estoy proponiendo continuar la relación incluso casarnos. No he dejado de amarte, Chel.

-Qué pena- Aquí empezaba mi venganza- Que pena Will.

-¿Por qué hablas de pena? Si todo puede ser alegría para nosotros.

-Para ti que hablas con tanta firmeza pero es que no tengo esos sentimientos. En mí ya no existen.

-¿Qué dices?- parecía muy desconcertado.

-Que no te amo Will.

-Escucha Chel, no pienso perderte bajo ningún concepto. Lucharé por ti hasta convencerte. No he olvidado nada de nuestra adolescencia y ahora tengo más años, más juicio y más entendimiento. Supongo que tú también haz madurado.

-Madurado sí, pero en estos años poco a poco te fui olvidando. Las personas cambian.

-¿Estás segura? -Will estaba extraño incluso parecía tener ganas de llorar.

-Claro ¿Por qué iba a mentirte? Y ahora tengo que irme. Agradezco que me hayas elegido pero los años no pasan en vano.

-Por favor.- Antes de continuar hizo una pausa.  Dame tu número de teléfono celular.

Se lo di y me fui. Al salir a la calle no pude evitar que mis ojos se llenaran de lágrimas. Subí a mi cuarto al llegar a casa. No me daba la gana de que mi padre me viera de ese modo pero sabía haría que al día siguiente haría lo que yo le había pedido.

Lloré toda la noche. Tuve miedo conducir el avión y le pedí a Georg que lo hiciera siendo yo el copiloto.

-¿Te ocurre algo?-Preguntó Georg sin mirarme concentrándose en el vuelo.  

-No.-Respondí secamente

-No digas que no. Estas muy triste… Veras Chel podríamos llegar a Berlín cenamos y nos quedamos a ver el espectáculo de músicos y bailarinas.

-No gracias Georg, pero no estoy para eso.

-Lo ves tienes un problema.- Aclaró afligido.

-Siempre hay problemas.- dije en tono cortante.

-No tengo ninguno.

Lo mire y él me dijo asombrado:

-Estas llorando.

-Sí, es que me duele la cabeza.

Hicimos el viaje y me negué a ir al restaurante fuimos al hotel y seguí llorando. Cuando me calmé estaba segura de que me vengaría duramente.

Nunca he sido vengativa pero Bill me había humillado ante mis amigas y no lo perdonaba. Solía verlas con frecuencia,me las encontraba siempre en la misma cafetería, y siempre me preguntaban por Will, Alex, Georg, Arturo, y Ronald. Todos eran pilotos, pero para mí había uno solo.
Esa tarde busqué a mi padre.

-¿Qué haz hecho papá?

-Lo cité. Cité a Bill. Me visitó esta mañana, se preparó el contrato y tenía la letra pequeña que pocas veces se lee.

-¿La leyó él?

-No, si lo hubiera hecho no hubiese aceptado. Pero le ofrecí el doble del sueldo y vacaciones en agosto. También le ofrecí pagarle el seguro cuando se jubilara. Y añadí algo más porque no aceptaba.

-Y entonces aceptó ¿Lo leyó?

-Sí por encima pero no dijo nada, de modo que no sabe que en la letra pequeña se advierte que si deja la compañía antes de los tres años pagará una fortuna por ello. Se fue con el contrato en el bolsillo. Bill empezará el lunes.

Presentí que me llamaría esa noche. Yo había llegado el domingo lo iba a pasar en Hamburgo y según papá el también estaría. Tenía una casa preciosa tanto como la mía. Bill era hijo de un médico y una señora muy distinguida que por supuesto no era amiga de mi madre.
Mi madre era una frívola consumada. Yo no entendía cómo papá no se divorciaba de una vez por todas. No lo hubiera sentido. Nunca recuerdo haberla tenido junto a mí, en cambio siempre he visto el rostro de mi padre, aquel rostro lleno de ternura y aquellas frases cariñosas que me decía por eso sabía cuánto me amaba.

Por la noche cuando ya casi me retiraba o me faltaba poco sonó mi celular.

-Dime.  –Yo ya sabía quién era.

-¿Podemos vernos? Estoy en la cafetería. Ya sabes la de siempre.

-¿Están las chicas?

-No. Ya se fueron.

-Estaré enseguida ahí.

Me puse unos pantalones blancos y un top que me sentaba muy bien en tonos brillantes blancos y negros. Calzaba sandalias con altísimos tacones. Me veía atractiva. Salí con paso firme. Enseguida lo vi. Vino a medio camino. También vestía muy bien. Llevaba un pantalón beige una camisa de mangas largas color negra y con su mismo peinado que lo hacía lucir sexy. Estaba muy guapo. ¿Donde había aprendido a disimular así? No lo sé. Pero con él, tal vez con nadie más mi rostro se convertía en una careta. 

1 comentario:

  1. Hola bueno esta historia ya la habia visto pero no me anime a leerla ahora que la ando leyendo me gusta es interesante y entretenida.
    pasare al blog de tu amiga a leer la historia que me decias :)
    http://fanficadeladanielcasiunchico.blogspot.mx/

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